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La pandemia y este periodo que (con optimismo) empezamos a llamar post pandemia han producido cambios en nuestro lenguaje no verbal.

Aquí destaco diez tendencias que he detectado.

1. Ojos al poder

Lo primero que se nos viene a la mente es el uso de las mascarillas, que nos resta cuantiosa información al cubrir más del 50% del rostro.

Si los ojos poseen un indudable poder para conectar y comunicar, durante este tiempo se han convertido en los protagonistas absolutos del mensaje no verbal. Por ello, es frecuente que nos hayamos esmerado en sonreír con ellos, en prolongar algo más la mirada y en acentuar la intencionalidad por ejemplo al dar las gracias.

Pero no olvidemos que, aunque los ojos se llevan la fama, las verdaderas reinas de la expresividad son las cejas. Este vestigio de los antiguos rostros peludos, visible a distancia, es la parte más expresiva del rostro. Transmiten rasgos clave de las emociones: sorpresa cuando se elevan; concentración, duda, recelo o tensión cuando se fruncen, a menudo de forma automática e inconsciente. Sin duda podemos considerarlas un altavoz de los ojos que nos delata, para bien o para mal.

2. ¿Y ahora cómo nos saludamos?

¿Con una sonrisa, levantando la mano, estrechándola, chocando el puño, con una pequeña inclinación? Es frecuente en estos tiempos que los momentos de saludo generen duda y en ocasiones incomodidad.

Hace pocos días, vimos una escena relevante en este sentido en la cumbre europea celebrada en Bruselas. Angela Merkel insistió en ofrecer el puño cuando la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, se acercaba para estrecharle la mano. Merkel se mantuvo firme en su intención mostrando su personalidad y concienciación ante el covid. La respuesta de Von der Leyen que estrechó con ambas manos el puño de Merkel también fue significativa. Así como la sonrisa de ambas para salvar la posible incomodidad.

Esto nos recuerda la importancia de la flexibilidad en las relaciones, no únicamente cuando hablamos de personas de distintos continentes (Merkel y Von der Layer son ambas alemanas), sino también en relación con los distintos criterios que rigen en las microculturas dentro de un mismo país o ciudad.

En un segundo momento, la Presidenta y Macron muestran otra alternativa afectuosa de saludo, como es estrecharse el brazo o antebrazo mutuamente, como puedes ver en el vídeo.

3. Saludos renovados

En el inicio de la pandemia del covid-19 la Organización Mundial de la Salud recomendó utilizar el saludo del codo para evitar estrechar las palmas, reducir el contacto físico y con él la propagación del virus. Los besos, los abrazos y el estrechar las manos desaparecieron como conductas arriesgadas.

Con el agravamiento de la pandemia, se fue recomendando un contacto aún menor y una mayor distancia física, de al menos un metro y medio, que permitiera reducir aún más el riesgo de propagación. Por ello, el saludo Namasté (manos unidas frente al pecho), la inclinación de cabeza, el gesto de la mano en el corazón o la sonrisa con los ojos, se convirtieron en los saludos más seguros y convenientes.

En este momento de vuelta progresiva a la presencialidad vemos junto a otras opciones el saludo del puño, de origen estadounidense.  Se trata de un saludo informal, extendido hoy en medio mundo, que procede de los boxeadores profesionales en los años 70 del pasado siglo. Comenzó a utilizarse cuando la gente imitaba cómo tocaban sus guantes antes de un combate.

Después el gesto se hizo popular entre jugadores de baloncesto, que chocaban también los puños con sus compañeros de equipo en lugar de estrechar las manos para mantener la tiza en sus palmas. El gesto se extendió entre los aficionados del baloncesto, llegando incluso al presidente de EEUU, Barak Obama, que lo convirtió casi en seña de identidad desde que saludó a su esposa con él en el evento de celebración de su nominación para la presidencia.

Es una buena alternativa en estos tiempos. Aunque como nos recuerda Sheldon Cooper en Big Bang Theory, no siempre es bien interpretada.

4. El valor del contacto

La privación de contacto físico provocada por la pandemia nos ha hecho más conscientes de su valor y significado. Muchas personas han echado de menos ese contacto durante meses, en especial con los seres queridos no convivientes.

Por otra parte, parece razonable pensar que el miedo al contagio de enfermedades pueda tener secuelas en cuanto a las costumbres de contacto físico. No sería extraño que se reduzcan los hábitos de saludo de contacto con personas desconocidas, como estrecharse la palma de la mano y los dos besos.

Veremos cómo evolucionan estos comportamientos en nuestra cultura, tradicionalmente afiliativa. Lo cierto es que hoy somos mucho más conscientes de los riesgos que conlleva el contacto estrecho y por tanto los saludos con proximidad contienen más significado.

5. Celebrando las distancias

La necesidad de contacto es común a todos los humanos, pues somos seres sociales. Pero cuánto contacto físico y espacio necesitamos concretamente es algo cultural o aprendido o, dicho con otras palabras, va por barrios.

Los conocedores de la cultura sueca, por ejemplo comentan que para los ciudadanos de este país la limitación genérica de 1,5 metros no parecía tan adecuada y estaban deseando poder volver a sus dos metros de distancia habituales.

Sin irnos tan lejos, no es extraño encontrarnos en nuestro país con personas que expresan su alegría por haberse liberado de tener que saludar uno a uno a todos los miembros de un grupo al llegar a un lugar de reunión o al despedirse.

Muchas personas aprecian la comodidad del nuevo contexto en el que se considera normal saludar levantando la mano al grupo en conjunto.

6. ¿Una oportunidad de evolucionar?

La costumbre presente en nuestro país y otros próximos como Francia, Portugal o Italia de saludar a las mujeres en el entorno profesional con dos besos, en lugar de dar la mano, se ha visto frenado por las normas pandémicas.

Esta costumbre diferenciadora (que no se observa en otros países europeos como Alemania o Inglaterra) ya se encontraba cuestionada por muchas personas por marcar una excesiva e innecesaria diferencia de trato entre hombres y mujeres. La pandemia, con la necesaria reducción de contacto y besos, puede proporcionar una oportunidad para reducir o eliminar esta costumbre.

Un hilo reciente en Twitter que comenzaba reclamando “Que no vuelvan los dos besos a las mujeres en el ámbito profesional, por favor”, obtuvo 34.000 me gusta en una cuenta con 2.000 seguidores,  mostrando que el tema genera interés. El periódico El País también se hizo eco del tema en su artículo “Dejad de besar a las mujeres”, al igual que otros medios.

Parece que tiene cierta lógica eliminar ese trato asimétrico entre hombre y mujeres en el entorno profesional. En especial teniendo en cuenta que los dos besos implican una proximidad máxima y que en estos momentos todos consideramos idóneo que primen la higiene y la seguridad.

Es interesante advertir que en algunos sectores profesionales como por ejemplo el jurídico la igualdad de trato en los saludos ya se practicaba.

Los saludos con más contacto como los besos quedarían reservados para los amigos y familia, con un sentido pleno de cercanía y afecto.

7. Los influencers de hoy

Gran parte de nuestros gestos forman parte de nuestra herencia biológica, pero cada sociedad y cada cultura los ha modelado de acuerdo con unas  normas y costumbres que se han ido conformando a lo largo de los siglos en cada rincón del mundo, como cuento en mi libro “Comunicación no verbal para humanos curiosos”.

Numerosos cambios ocurren a partir de una nueva legislación, como por ejemplo, el curioso el ejemplo del emperador Pedro I de Rusia, que en 1698 estableció un impuesto a aquellos ciudadanos que se dejasen crecer la barba, como medida para conseguir que los varones rusos tuviesen una imagen más similar a la de los europeos occidentales, entre los que era costumbre ir afeitados.

También han sido definitivas las influencias de los reyes, la nobleza o las figuras de referencia en cada época, los deportistas, actores, cantantes,… a la hora de extender cambios y nuevas costumbres, ya pensemos en las pelucas en la etapa previa a la Revolución francesa o en la incorporación del pantalón en el atuendo de las mujeres europeas en el siglo XX.

Podemos preguntarnos quiénes son los influencers que influyen en nuestro lenguaje no verbal hoy. ¿Quiénes nos gustaría que fueran? ¿Qué canales o redes son relevantes para transmitir las tendencias?

8. Pantallas para todo

Hoy nos reunimos, entrevistamos, presentamos, aprendemos, negociamos y hasta celebramos a través de las pantallas, casi más que en persona.

El reto consiste en mantener la conexión, el interés y la cohesión de los equipos a pesar de las distancias. Esto implica muchas veces un esfuerzo extra para compensar la distancia y la falta de ese roce que surge fácilmente en la máquina de café.

Si queremos conectar, influir o liderar, hemos de cuidar especialmente elementos como la mirada, la voz, el sonido, la iluminación, la postura, la sonrisa… Traspasar la pantalla requiere actitud y aptitud, aunque por suerte podemos entrenarnos para lograr nuestros objetivos.

9. Objetivo divertirse y conectar, ¿efecto péndulo?

La dura etapa que hemos vivido, cargada de emociones negativas como el estrés y la preocupación, unida a las prohibiciones y  limitaciones de movimiento y contacto, etc. han pasado factura a los seres humanos en todo el mundo.

Mucho se ha escrito sobre valorar más aquello de lo que nos hemos visto privados. Es posible que nos encontremos ante un efecto péndulo. Algo similar a cuando nuestros mayores pasaron necesidad en la época de la posguerra en España y esto significó una permanente tendencia a sobrealimentar a los suyos en cuanto pudieron.

Hoy nos sentimos necesitados de espacio para la diversión. Queremos escaparnos y ver paisajes distintos. Tras este tiempo de emociones difíciles, queremos disfrutar del humor y de las relaciones más que nunca.

Como cuento en mi libro, una habilidad clave es la empatía para comprender y conectar con los demás. Algo que nos viene de serie como humanos, pero que también se puede cuidar y reforzar.

10. Más conscientes de la conexión cuerpo- emociones

Nunca está de más recordar que cuerpo y emociones están estrechamente conectados, como explico en este artículoEn resumen, nuestra postura, gestos y cuidado físico tienen un gran efecto en nuestro estado emocional.

En estos tiempos en los que el covid-19 ha impactado en la salud mental de nuestra sociedad y en particular de los niños, niñas y jóvenes, como muestran diferentes estudios como los de UNICEF,  parece importante aportar herramientas que contribuyan a nuestro bienestar físico y mental.

El ejercicio físico, la meditación, actividades como el yoga o el taichi y en general una mayor consciencia de los mensajes y sensaciones internas de nuestro cuerpo nos pueden ser de gran ayuda.

En nuestros talleres siempre incorporamos ejercicios prácticos para hacer más consciente esta conexión.

Estas tendencias nos hablan de cómo evoluciona nuestra comunicación no verbal. Pero lo más importante es que tenemos margen de elección.

Recuerda que el lenguaje no verbal es un buen lugar para empezar a trabajar en ti mismo, en ti misma.

 

Y si te interesa aprender más sobre comunicación no verbal, puedes apuntarte a este taller gratuito online que imparto el día 17 de noviembre.

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