Mucho se está escribiendo sobre esta crisis del coronavirus, su gestión y la necesaria colaboración de todos.

Nos sentimos abatidos por los casos de pacientes graves que están sufriendo en los hospitales y por los fallecimientos de personas sin un familiar a su lado. La sociedad está demostrando su solidaridad y responsabilidad. Las familias en casa guardando la cuarentena, las donaciones y gestos de generosidad, los aplausos diarios desde el corazón y, sobre todo, los profesionales sanitarios y aquellos que siguen al pie del cañón para que tengamos suministros, alimento, transporte, información, seguridad, farmacias abiertas…  Esto es lo que nos importa a todos de verdad y es a lo que dedicamos nuestra atención.

Todos sentimos que los casos leves de enfermedad son poco relevantes al lado de lo que están sufriendo otros.

Y tal vez por este motivo apenas se habla de la convivencia en casa con el virus en casos leves, algo que afecta a miles de personas. Por eso me he animado, una vez vivida la experiencia, a escribir sobre ella por si puede ser de ayuda para alguien.

Habitualmente yo estoy muy orgullosa de mi familia. Del buen ambiente que se respira y del humor que prevalece en comidas y cenas, a pesar de tener hijos adolescentes, que no están en su etapa más afectuosa. Pero si hablamos de estas semanas de convivencia con el virus, es otra historia.

En casa empezaron los síntomas el viernes 13 de marzo, dos días después de cerrarse los colegios en Madrid. El primero en caer con fiebre fue mi marido. Estaba tirado en el sofá, sin fuerzas, pero no le dimos mucha importancia pensando que sería una gripe.

A los dos días, el domingo 15, justo el día que se decreta el Estado de alarma, empezamos a encontrarnos mal mi hija de 15 años y yo. El dolor de cabeza y el dolor muscular eran intensos, nada habituales, y teníamos fiebre constante, aunque no muy alta, entre 37 y 38,2. Tos seca pero poco frecuente, por suerte. Hablamos por teléfono con amigos que estaban en casa con los mismos síntomas y en su centro de trabajo había dos casos confirmados de Covid-19.

En ese momento, las noticias en los medios explican que el tratamiento en casos leves es tomar paracetamol, beber mucho líquido y no acudir a ambulatorios ni hospitales para no recargar los servicios médicos.  Además, las aplicaciones que empiezan a aparecer esos días nos indican que con nuestros síntomas, corresponde quedarse en casa. Así que eso hacemos.

El tratamiento de paracetamol cada 6-8 horas nos permitía dormir por la noche y mantener la fiebre controlada. Pero un dolor extraño de cabeza, espalda y piernas nos seguía golpeando.

La mayor preocupación para mí era que se pudieran contagiar mis padres, tíos y otras personas mayores de la familia, en especial a los que había llevado la compra días antes de encontrarme mal.  Y pensaba en muchos padres, madres y abuelos de las personas que conozco, cada uno con sus circunstancias. Su fragilidad en caso de contagio me quitaba el sueño de verdad. Y más sabiendo que el virus puede incubarse durante 15 días.

Para canalizar tantas emociones, me enfoco en limpiar y organizar la casa lo mejor que puedo (creo que no he sido la única, eh). Pero el cansancio y la tensión me ponen a prueba cuando observo que mi marido, en un momento en que se encuentra mejor, se pone a preparar unos sándwiches silbando Resistiré, y para colmo veo que sigue utilizando un trapo de cocina, a pesar de mis recomendaciones. En ese instante, visualizo virus por todas partes y siento que el tema se nos va de las manos. ¡¡¡Estamos arriesgando a las dos personas sanas que nos quedan!!!

Consejo: Mantener la calma. Respirar e intentar relajarte. Negociar y aplicar la asertividad para pedir las cosas lo mejor que puedas.

En este momento de agobio, siempre te parece que los cuidados de los demás son pocos, por ejemplo con algo tantas veces explicado como el lavado de manos o la conducta ante la tos. Un tema destacable son las miradas que aparecen cuando alguien tose, especialmente si no se tapa convenientemente con la cara interna del brazo. “¡¡¡¡Al codo!!!!” asegura mi familia que grité más de una vez en esos días de enfermedad.

Consejo: Pedir disculpas cuando sea necesario y seas capaz. Tener detalles para confraternizar cuando sea posible. Buscar también tu espacio.

Para terminar de sentir que definitivamente no lo estamos haciendo bien, todos tenemos algún caso de conocidos o familiares extremadamente precavidos y organizados, cuyas medidas de seguridad, bien aprovisionados de mascarillas, gel desinfectante, guantes de látex…, dejan a la NASA y por supuesto a ti, que te ha pillado el toro, como un principiante.

Consejo: No comparar. Cuidarse. Mantener el ánimo. Quedarse en casa, obviamente. 

El hecho de seguir durmiendo juntos es un acto de valor que no sabría definir bien. Estaría entre no querer pensar mucho, no hacer un feo a la otra parte y rendirte al cansancio. Si te da por preocuparte, la noche se te hace interminable.

Consejo: Ser sincero con tus emociones y no sacrificarte inútilmente. 

Los sacrificios en exceso nunca funcionan bien, pues inevitablemente alguien lo paga al final. En primer lugar tú, porque no pegarás ojo vigilando si tu pareja tose o respira hacia ti.  Y al día siguiente los demás. Después de tan mala noche, la distancia de metro y medio recomendada os parecerá muy insuficiente.

Consejo: Descansar lo mejor posible, por el bien de todos. Aislarte de vez en cuando si puedes y ves que lo necesitas. 

Los familiares por teléfono, con la mejor intención, te dan pautas, y los grupos de whatsapp echan chispas con informaciones y recomendaciones: no tomar ibuprofeno, que dicen los médicos franceses que es malísimo, limpiar los pomos y todas las superficies de la casa, hacer vahos para matar al virus, lavar sábanas, toallas y ropa a 60-90 grados para que el bicho desaparezca, ventilar todo lo posible, tener cuidado con la carga viral, pues no es lo mismo contaminarse una vez que reinfectarse…

Y al día siguiente recibes mensajes totalmente opuestos. Mejor no hacer vahos, que puede dispersar más el virus… El ibuprofeno no se ha demostrado que sea malo…

Consejo: Mantener las fuentes de información justas y bien contrastadas (como la web del Ministerio de Sanidad o la de la Comunidad de Madrid en nuestro caso).

Como me contó una amiga en situación parecida, la tos provoca miradas de alarma y sospecha estos días. Me decía que lo peor es que “tú sabes que ha sido esa galleta que te acabas de tomar, pero el resto de tu familia te mira con desconfianza y no hay manera de cambiar eso”. También me han llegado noticias de alguien que ha oído a su vecino, tras toser, tranquilizar a sus acompañantes con un “¡¡es por el porro!!”. Esto no lo puedo corroborar directamente, pero me lo creo, dado el recelo que provoca la tos en estos días.

El confinamiento estando enfermos con niños pequeños a los que cuidar y entretener, tiene que ser mucho más complicado aún. Solo hay que ver las fotos que envía la gente por whatasapp de contenedores en la calle con tambores y otros instrumentos de juguete, así como los memes sobre niños que tocan la flauta en casa. Muchísimo ánimo para todos.

Mis hijos son autosuficientes, como es lógico a su edad, pero son buena gente y algún día incluso han hablado con nosotros. 🙂

Consejo: Cuidarse. Cuidar la relación con la pareja como puedas. Buscar momentos de tranquilidad para cargar pilas. Dar buen ejemplo con nuestra actitud, pero sin perfeccionismos. Hacer lo que se pueda. 

Después de tres o cuatro días, parece que el virus da una tregua y hace que te confíes pensando “ya estamos mucho mejor…”, para volver después a atacar con nueva fuerza, dolor agudo de cabeza y sensación de haber sido atropellado por un autobús o una manada de ñúes. Hay veces que directamente no tienes fuerzas para moverte. Y en mi caso, aparece algo de molestia en el pecho al inspirar…  En ese momento, con dudas, sin tests que confirmen ni desmientan, no queda otra que cuidarse y también distraerse.

No es nuestro caso, pero sé que los médicos de los ambulatorios prestan un magnífico servicio llamando cada día a los pacientes con síntomas más graves para vigilar la evolución .

Consejo: Atender a la evolución de cada persona. Escuchar. Apoyar. Buscar actividades positivas para compartir o no, como películas, series, música o libros agradables. Hablar con alguien sobre cómo te sientes (mejor con alguien de fuera si ves que los de casa están saturados)

En nuestro caso, leve y sin problemas de dificultad respiratoria, en una semana se van pasando los síntomas. Después de unos días más con náuseas y olfato y gusto alterados, las molestias van remitiendo.

Sé que hay quien se recupera antes, y también quien sufre más días con otros síntomas de estómago y fiebre más alta.  Los médicos del ambulatorio le dijeron por teléfono a una amiga que si a estas alturas la fiebre no baja hay que estar atentos por si hubiera que hacer placas de tórax.

Algo positivo es sentir el apoyo de los demás. Los aplausos de agradecimiento a las ocho, todos juntos, y las canciones compartidas en los balcones con los vecinos, cuando tienes fuerzas. Quienes se ofrecen a traerte la compra. Los que te transmiten su afecto y preocupación. Y los que te hacen reír, incluso poniéndote un nuevo mote ad-hoc (los que nos conocéis, os imaginaréis de quiénes hablo :)).

Consejo: Unión, empatía, comprensión, afecto. Cuidar a los demás cuando puedas.

Cuando te vas encontrando mejor, te vas relajando y empiezas a disfrutar de pequeñas cosas. El día que sale el sol. Cuidar las plantas. Empezar a hacer algo de ejercicio. Oír  a tus hijos reír con el Just dance o haciendo un reto para Instagram. Preparar un bizcocho juntos. Probar alguna receta nueva y permitirnos caprichos. Leer un buen libro. Hacer cosas que te relajen. Jugar a algún juego.  Tomarte un café o un aperitivo con alguien a través de vídeollamada.

Y sobre todo, disfrutar y agradecer las buenas noticias de verdad, como seguir confirmando día a día que los mayores de la familia se mantienen bien, sin ningún síntoma.

Y vuelve el buen humor. Y te empiezas a reír de las cosas pasadas.

 

Consejo: Mantener la esperanza y confianza. Todo vuelve a su lugar poco a poco.

Consejo extra: Conseguir frutas y productos saludables y no empacharte. Hacer algo de actividad física suave cuando puedas, sin forzar mucho. Plantearte objetivos realistas. Ser razonables con el teletrabajo. Ver qué cosas pueden esperar. Cuidar a los demás y cuidarte. Seguir buscando tu espacio. 🙂

Por si alguien se lo pregunta, mi hijo Luis y nuestra “hija adoptiva” canadiense, Lucy, siguieron en buena forma y no han desarrollado síntomas a pesar de convivir con nosotros, por lo que entendemos que habrán sido de los llamados casos asintomáticos. Esperemos que haya muchísimos como ellos.

Por supuesto, en estas fechas lo más importante son los casos graves. Se nos parte el alma con las familias que no pueden despedir a sus seres queridos. Toda nuestra esperanza está en que el virus pase y en que se curen todas las personas que están sufriendo en los hospitales y residencias. Que los y las profesionales sanitarios y personas que lo están dando todo puedan descansar y podamos agradecerles su enorme esfuerzo. Que vuelva la economía a rodar. Que tengamos de nuevo trabajo y salud.

Pero he pensado que nuestra pequeña historia de convivencia con sus problemas y tensiones en estos casos leves está siendo algo compartida en muchas casas y puede ser útil contarla. Somos humanos y nos afecta el estrés. Yo que soy profe de comunicación y me considero una persona tranquila, y muchos amigos con los que he hablado estos días, hemos experimentado el impacto negativo de la preocupación, la enfermedad y el confinamiento prolongado.

En estos momentos difíciles, el reto es cuidarnos unos a otros y no olvidar cuidarnos a nosotros mismos. Cuerpo, mente y emociones.

A mi familia es a quienes primero he leído este post para pedirles su visto bueno, y hemos pasado un rato de risas a carcajadas. A los que me estáis leyendo me encantaría sacaros una sonrisa y tal vez sugeriros alguna idea positiva para afrontar esta situación. Ojalá sea así!

Mucho ánimo a todos de corazón. Ya queda menos. Por supuesto, si me lee alguien que lo esté pasando mal, le envío mi abrazo más fuerte de ánimo y apoyo. Estamos juntos en esto.

 

Continuación (8/04/2020)

El objetivo de este post, publicado el 31 de marzo, era aportar ideas para la convivencia y la comunicación en casa.

Hoy es 8 de abril y estamos abrumados por tantas vidas que nos ha arrebatado el virus. Contamos con nueva información sobre la efectividad e importancia de las mascarillas y otras protecciones. También hay nuevos datos de la OMS sobre el virus y su propagación: parece que puede persistir en el aire veinte minutos en lugar de unos segundos como se pensaba.

En esta noche de insomnio me ha dado por pensar y me enfada recordar que los primeros días de confinamiento, cuando no teníamos tan claro cómo iba esto, mandábamos a la compra a mi hijo o a Lucy, que se encontraban muy bien. Iban con precaución y se lavaban las manos al ir y al volver, pero no llevaban mascarilla, e incluso fueron en alguna ocasión en que no era imprescindible.

Entiendo que otras personas asintomáticas pueden estar cometiendo los mismos errores que nosotros.

Sabemos que hay unas pautas fundamentales para este periodo de confinamiento. Reducir al mínimo las salidas y extremar las precauciones cuando lo hagamos.

La web del Ministerio de Sanidad ofrece diversas infografías con pautas como por ejemplo sobre Cómo hacer las compras de primera necesidad o las compras en la famacia. También ofrece información sobre  Cómo actuar en caso de tener síntomas y sobre Medidas para el aislamiento domiciliario, Limpieza de la vivienda o el Uso de la mascarilla.

Pero entiendo que es fácil perdernos con tanta información en distintos documentos e infografías, que se han ido creando y actualizando con el paso de los días, y considero que es necesario hacer énfasis también en los casos de enfermedad más leve y en las personas asintomáticas que conviven con ellos.

Creo que estas ideas pueden ayudar a reducir los contagios y tienen pocos inconvenientes.

1. Si crees que alguien de la casa puede estar contagiado, aunque sea un caso leve como el nuestro, creo que es útil aislarse todos en casa y conseguir que alguien os traiga la compra. Dormir en distinta habitación cuando sea posible y reducir el contacto estrecho. Ventilar y limpiar lo posible para reducir la carga viral. Si hay alguien de riesgo en la casa, comunicar rápidamente con el ambulatorio para tomar medidas y proteger a la persona.

2. También me parece muy importante tener cuidado con los jóvenes, que no suelen manifestar síntomas. Es vital que tomen muchas precauciones si salen de casa, pues sabemos que las personas asíntomáticas también contagian.

3. Si fuera muy necesario salir, utilizar algún tipo de mascarilla o protección para no contagiar (la mejor de la que dispongas).

4. Y también, después de recuperarnos, debemos tener en cuenta el tiempo necesario para poder considerarnos no contagiosos antes de salir.

Es claro que lo ideal  sería contar con tests que certifiquen la presencia o no del virus, para protegernos mejor todos y para saber quién es la población inmunizada que ya ha pasado la infección.

Esta debería ser la prioridad para nuestros gobernantes, junto con los EPIs, y no las batallas ideológicas, como bien explica la filósofa Adela Cortina en su artículo en la revista ethic.

Pero mientras no disponemos de ellos, entre todos podemos reducir los contagios. Se trata de proteger a los mayores y personas más vulnerables. 

Cada vida que podamos salvar es única y fundamental para los suyos. Es decir, para todos nosotros.

En mi familia tengo un primo y una prima médicos, mis primos pequeños, y soy consciente del esfuerzo enorme que están haciendo todos los profesionales como ellos. Mi prima trabaja en Atención primaria, en primera línea. Y mi primo es especialista de pulmón y se deja la piel en la UCI del Hospital Vall d´Hebron, con duras guardias que alarga demasiado, como seguro hacen muchos profesionales más. Anteponiendo a los pacientes y poniendo en segundo lugar a sus propias familias. Muchas veces pasando dificultades para atender a sus hijos, a menudo cuadrando turnos con parejas que también trabajan en el ámbito sanitario, para lograr llegar a todo. Con abuelos sufriendo por no poder ayudar. Y arriesgando su salud. Ellos no tienen el lujo de parar ni un minuto a escribir como yo.

Agotados pero sostenidos por su vocación, impulsados por un propósito alto como es salvar vidas. Cada vida.

Si queremos apoyarles hemos de arrimar todos el hombro, no podemos dejar de hacer nuestra parte.

No es momento de bajar la guardia; vamos a superarlo entre todos.

Un abrazo fuerte.

 

 

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