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¿Cómo empiezo mi presentación?

Está es una pregunta que me han hecho miles de veces mis alumnos/as cuando se trata de construir un pitch.

Los primeros segundos de una presentación son cruciales, pues en ellos nuestra audiencia forma su primera impresión y sus expectativas sobre lo que va a escuchar.

Por eso, para comenzar una presentación debemos plantear un gancho (hook en inglés) que capte la atención. Se trata de empezar fuerte desde el minuto cero.

Esto aplica igualmente al comienzo de un libro, a las primeras estrofas de una canción,  o al principio de un reel de Instagram.

Las estrategias de brevedad e impacto son cada vez más necesarias, pues todas las investigaciones indican que nuestra capacidad de atención media ha disminuido en las últimas décadas.

Pero vayamos rápido a lo importante…

¿Cómo creamos un buen gancho?

El “gancho perfecto” depende del público, del tema y tipo de discurso, del contexto, de las fortalezas y valores de la persona que presenta, de su credibilidad o de lo ocurrido antes de la presentación.

A lo largo de los años, distintos autores han hablado de este tema y han propuesto sus claves para comenzar un buen discurso.

Por cierto, mi padre también lo hizo en su libro  “El orador y el discurso”, publicado en 1978, en plena transición.

Para él, y también para mí, el gancho ideal es aquel que acerca el tema (y a la persona que presenta) a la audiencia, de forma que hace la presentación más cercana, relevante y emocionalmente significativa.

Por supuesto, ha de estar relacionado con tu mensaje central. No todo vale con tal de captar la atención (como en esos titulares gancho que te decepcionan absolutamente porque no tienen nada que ver con la noticia que se desarrolla a continuación).

helado de cucurucho que se ha caído al suelo

10 ideas de ganchos para captar la atención de tu audiencia

Aquí te dejo 10 ideas que pueden ayudarte a encontrar tu gancho ideal.

  1. Una pregunta que involucra.

La pregunta es un recurso clásico que funciona porque activa la mente de quien nos escucha, tanto si son preguntas retóricas o si esperamos respuesta.

Tratemos de lanzar preguntas relevantes, que merezcan la pena e involucren a la audiencia y que te permitan acercarte al tema de tu discurso.

Por ejemplo: “¿Cuándo fue la última vez que algo te sorprendió de verdad?” (para hablar a continuación sobre creatividad o la necesidad de activar la curiosidad).

  1. Un dato o noticia que pueda sorprender.

Aporta un dato impactante o una noticia reciente: una información breve, concreta, actual y significativa que atraiga la atención.

El dato bien elegido genera emociones como la sorpresa, la preocupación o el interrogante acerca de las soluciones.

Puede ser una transición natural para hablar a continuación de propuestas o soluciones.

Algo como: ¿Sabían que la Comunidad Valenciana, y concretamente Elche-Alicante, exporta al mundo calzado por un valor de 1000 millones de Euros?

  1. Un recurso de participación que movilice.

Invitar a participar (a través de la palabra, el movimiento, escribir en un post-it u otra aportación) es una vía infalible para conseguir implicación de un grupo.

Lo que practicas lo recuerdas.

Por tanto, si puedes hacer a tu público participar, no lo dudes. El único obstáculo para ello es el tiempo que invertimos, pero aún así puede merecer la pena.

Por ejemplo: “Levanten la mano por favor aquellos que un día juraron que jamás harían X… y hayan tenido que retractarse”.
O más movido: “Les pido que miren a la persona que tengan más cerca y compartan en 15 segundos, el reto de comunicación más importante que tienen ahora mismo en su vida/ en su trabajo”.

  1. Una historia o una anécdota personal.

Las historias son un formato que le encanta a nuestro cerebro. Los personajes, las acciones y la estructura narrativa nos atrapan mejor que otros contenidos más planos.

Las narraciones pueden hablar de personajes o momentos célebres de la historia, acontecimientos de una ciudad, empresa, equipo u organización…

Si el relato es autobiográfico, se crea una conexión todavía más fuerte con la persona que presenta y se refuerza la marca personal.

¡Así que ya sabes! Plantéate rescatar alguna historia que aporte valor y matices a tu presentación.

Un ejemplo sería una historia que he contado alguna vez: “Recuerdo la primera vez que di un curso para la Fundación ONCE: tenía en la sala a más de 50 personas con visibilidad reducida, muchas de ellas acompañadas por sus perros guías… Lo que nunca olvidaré…”. Las historias son imanes para la atención.

Puedes leer más sobre storytelling en otros posts del blog.

  1. Una cita que aporte valor.

Busca citas menos conocidas que puedan sorprender o hacer pensar en un ángulo distinto al habitual.

También puedes poner en contexto la cita, algo que no se hace tan a menudo y puede aportar matices interesantes. Lo que muchos no saben es ¿dónde lo dijo?, ¿cuándo lo dijo?, ¿después de qué experiencia aportó esa frase?

Recuerda que no siempre has de citar a personajes ilustres. Las citas de mentores o personas cercanas añaden autenticidad, cercanía e interés.

Otra opción son las citas de personajes de películas o letras de canciones de algún icono memorable que pueda conectar con tu público. Elegir una cita de Marilyn, Cocó Chanel, Madonna, Lady Gaga o Rosalía puede dar un punto diferente a tu discurso.

También un proverbio o refrán poco conocido de otra cultura puede ser memorable y aportar una perspectiva cultural diferente y fresca.

A ver si te gusta este ejemplo. “Quiero comenzar con una frase de Brené Brown: “la vulnerabilidad no es debilidad, sino el inicio del coraje”. Precisamente hoy hablaremos de pautas para activar el coraje en nuestro día a día…”.

  1. Una afirmación, tesis o negación contundente, que genere curiosidad.

Empezar con una definición o una distinción entre conceptos puede captar la atención y centrar de inmediato el tema.

Como por ejemplo: “En nuestro idioma no es lo mismo “ser” que “estar”. Y esto tienen consecuencias…”

 

  1. Una frase con humor.

Reír y distendernos es una necesidad humana y tiene múltiples beneficios.

  • El humor y la risas compartidas son una vía de conexión muy potente.
  • El toque de humor crea un ambiente relajado e invita a abrir la mente.
  • Si el humor se produce sobre la marcha ante un imprevisto o ante un comentario del público, comunica aún más autenticidad.

Pero sin duda, no todo vale. Hemos de cuidar incorporarlo de forma natural y con respeto al contexto de que se trate.

Teniendo esto en cuenta, si el humor está en tu ADN,  prueba a utilizar esa fortaleza para sumarle energía a tu comunicación.

¿Te ha pasado alguna vez que estás hablando con alguien y de pronto te has sentido pequeñísimo/a?  Pero de verdad, ¿insignificante como una hormiga? A mí sí me ha pasado. Esas veces que desaparecerías en el acto si pudieras… Casi siempre tiene que ver con nuestro dichoso diálogo interno ¿Y sabías que podemos aprender mucho de esa situación…?

  1. Dibujar un escenario con “visualiza qué pasaría si…”, “imagina que…” o “cierra los ojos y observa…”.

Con estas invitaciones, jugamos con la imaginación y guiamos a nuestra audiencia a través de imágenes para adentrarnos en el tema.

Por ejemplo, llevamos al público a visualizar una situación deseada que podemos alcanzar con nuestro producto o proyecto.

El ejercicio también permite anticiparse a ver las consecuencias de no actuar o de no tomar medidas ante un problema.

O puede utilizarse para generar empatía al poner a la audiencia en el lugar de otras personas.

 

  1. Una referencia histórica.

Mencionar un hecho histórico o un personaje histórico relevante puede añadir peso y resonancia a tu mensaje, especialmente si coincide con la fecha, las circunstancias o el tema de la presentación.

Por ejemplo, me parece inspirador este ejemplo. “En 1972, cuando el mundo avanzaba hacia una industrialización imparable, Estados Unidos decidió proteger Yellowstone y declararlo el primer parque nacional del planeta. Aquel gesto inauguró la idea de que preservar la naturaleza es un acto de civilización.”

 

  1. Un recurso audiovisual.

Sin duda los vídeos son una vía para atrapar la atención.

Movimiento, música, color, personajes y acción…, lo tienen todo para engancharnos.

Asegúrate de preparar bien la forma de reconectar con tu público y de mantener el ritmo tras ese impacto.

Suele ser útil complementar el vídeo con una buena conclusión, preguntas o participación del grupo.

Un ejemplo sería reproducir un vídeo de 15 segundos con una pequeña historia, preguntar al público qué les transmite el personaje, o qué conclusión extraen, y relacionarlo con el tema de la presentación. El vídeo puede tener matices divertidos, emocionales, de valores, de llamada a la acción… en función del estilo y tono de nuestra presentación.

Película

A por ello.

Una presentación eficaz necesita más que un buen gancho, pero un buen inicio adaptado a tu audiencia prepara el terreno.

Y, como presentadores, nos llena de confianza para arrancar con energía.

No te quedes con la primera opción de gancho sin más.

La IA te puede ayudar y dar ideas, pero por supuesto no te olvides de hacerlo tuyo e integrarlo con tu presentación y tu estilo.

¡Construye, practica, reformula y adelante!

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