Está bien cultivar el hábito de la actitud positiva, hablé de ello en otro post, pero cuando las emociones negativas llegan, ¿cómo las afrontamos?

Las emociones negativas necesitan su espacio.

A veces, la vida nos presenta situaciones dolorosas que afectan a nuestros seres queridos, problemas de salud, pérdidas, injusticias, situaciones sostenidas de sufrimiento a nuestro alrededor. A veces no sabemos aceptarlas, nos cerramos o nos negamos a sentirlas.

Algunas veces, en un intento de ser constructivos y positivos, nos impedimos expresar nuestra tristeza, nuestro miedo o nuestro enfado. Ponemos buena cara y seguimos adelante sin más.

También ocurre que ocultamos lo negativo porque sentimos que no está bien visto socialmente, que es demasiado desagradable para hablar de ello, porque nos sentimos culpables o avergonzados y no queremos causar una mala impresión en nuestro entorno.

En otras ocasiones, porque el rol que asumimos no incluye mostrar debilidad (es el caso de muchos hombres y mujeres que han aprendido que tienen que ser fuertes) o no incluye mostrar enfado (por ejemplo, cuando hemos aprendido a intentar agradar siempre a los demás).

A menudo coincide que no tenemos modelos de una buena gestión de las emociones, sea el miedo, la tristeza o la ira.

O no encontramos tiempo para esa comunicación; estamos demasiado ocupados haciendo cien cosas y no nos damos permiso.

Cuando esto ocurre y “controlamos” las emociones para que no salgan a la luz, el cuerpo acaba por darnos un aviso más fuerte. Y esto es especialmente grave cuando se une a un momento de estrés, debilidad, falta de descanso, desgaste…

He sentido la necesidad de escribir este post porque personalmente he experimentado hace pocos días que las emociones negativas necesitan un espacio. Necesitamos hablar sobre lo que sentimos, llorar si sentimos tristeza, o expresar nuestro enfado. Necesitamos amortiguadores para superar estos momentos. No podemos ignorar las emociones negativas, no somos máquinas, y nuestros organismos se ven influidos por las emociones.

Es una gran suerte tener un entorno seguro en el que expresar lo que nos pasa y comenzar a procesar esas emociones negativas. Tenemos que aprender a pedir ayuda, encontrar los momentos y las personas para canalizar la emoción y apoyarnos unos a otros. En casos más agudos, podemos acudir a un profesional que nos guíe para superar la situación.

Cuidarnos físicamente es crucial para afrontar estas situaciones emocionalmente difíciles. Descansar, alimentarse bien, hacer ejercicio, disfrutar, reír, son actividades preventivas.

Te animo a escuchar tus emociones e interpretarlas, darte la oportunidad de sentirlas y expresarlas. Vivir la vida plenamente significa escuchar la sabiduría de las emociones. Siempre nos dan un mensaje: de un éxito, de un peligro, de una pérdida, de valores vulnerados, de límites traspasados. Nos dicen que algo es importante para nosotros, y al reconocerlas nos conectamos con lo que nos importa.

Una vez procesadas e integradas, estaremos mejor preparados para tomar decisiones: aceptar lo que ocurre, actuar para promover un cambio, pedir lo que es importante para nosotros y, en definitiva, afrontar nuestra vida más conscientes de hacia dónde vamos.

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