El hábito de la actitud positiva

Hoy sabemos que es posible trabajar para construir nuevos hábitos durante toda la vida, no sólo en la infancia.

Hay quien ha desarrollado con los años el hábito de ver el vaso medio lleno y quien suele verlo medio vacío. Pero podemos crear nuevos hábitos en nuestra forma de pensar y sentir. Podemos decidir en qué nos enfocamos; hacia dónde queremos dirigir nuestra atención: hacia la queja o hacia las posibilidades de actuar.

Una forma de incorporar en nuestro día a día un pensamiento más positivo consiste en influir en lo que percibe nuestro cerebro a través de los sentidos externos e internos.

Te propongo algunas ideas para ello:

–  Visualiza imágenes positivas.

Crea entornos que te agraden visualmente; observa cómo influyen en tu ánimo la luz y el color. Pon atención en lo divertido, bello y positivo que te rodea. También puedes colocar imágenes que te aporten alegría en lugares donde estés a menudo. Un paisaje, un logro del que estás orgulloso, un acontecimiento que te inspira, un dibujo divertido de tus hijos o sobrinos, un cuadro de tu autor favorito, un acto heroico que te emociona o te motiva… Prueba también a visualizar las imágenes mentalmente.

–  Lee textos que te inspiren.

Imagina el efecto de leer por la mañana algún texto que te enriquezca, te aporte energía o te haga reír. Probablemente, empezarás el día con mejor actitud. Una buena lectura antes de dormir también influirá en tu descanso. Elije los libros, artículos o blogs que lees.

–  Mantén un diálogo interno potenciador.

Percibe el efecto de lo que te dices a ti mismo. Evita las críticas destructivas; no te trates como no tratarías a un amigo. Reemplaza el diálogo interno negativo sobre hechos o decisiones pasadas por frases potenciadoras como “¿qué puedo aprender de lo que ha ocurrido?”,  “lo hecho, hecho está” o “¿cómo puedo hacerlo mejor la próxima vez?”.

–  Oye música o programas  que te animen y aporten buen humor.

Todos tenemos una música que no falla cuando se trata de animarnos. Conoce los recursos de los que dispones para inclinar tu ánimo hacia donde tú quieres.

– Fomenta y participa en conversaciones constructivas, creativas, relacionadas con tus objetivos.

Evita intencionadamente la actitud de queja no constructiva. Elije las conversaciones en las que quieres participar, las actividades y los temas que te interesan, lo que conecta con tus valores.

–  Observa  modelos de actitud positiva.

Fíjate en personas que son ejemplares, que irradian energía, decisión, ilusión, perseverancia, que superan adversidades, se sobreponen a los problemas, son capaces de reírse de sí mismas…

–  Detente a disfrutar de sensaciones agradables.

Párate a disfrutar las cosas buenas de la vida y sé consciente de ellas. Reconoce cuáles te producen más placer y alegría. Abraza a tu pareja, acaricia a tus hijos, inspira el aire puro,  saborea un plato que te trae buenos recuerdos, degusta el sabor de tu bebida favorita, disfruta del sol, de la brisa o de la lluvia, muévete, pasea, ríete, canta, baila, comparte, encuentra momentos de premio… Observa cómo te sientes y descubre qué te gusta.

En definitiva, experimenta, observa  y conócete a ti mismo/a ti misma. Te resultará útil conocer qué sentidos son más potentes para ti. Conociéndote mejor aprenderás a influir conscientemente en cómo te sientes cada día y podrás elegir tu actitud.

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