Cuántas discusiones sin importancia nos llevan a enfadarnos y nos estropean una tarde entera, unas vacaciones o un plan que esperábamos disfrutar… Cuántas veces una pequeña discrepancia se transforma en una bola de nieve que crece hasta convertirse en una barrera entre dos personas… Demasiado a menudo, la ansiedad, el enfado o el miedo nos impiden dar respuestas saludables y racionales a los conflictos.

Young woman with boxing glove

Cuando nos sentimos amenazados, nos cuesta gestionar nuestras emociones y deseos y desplegamos comportamientos agresivos o inhibidos, nada eficientes. ¿Qué nuevos hábitos podemos desarrollar?

Una idea útil y sencilla para gestionar situaciones de conflicto es la pregunta maestra, concepto que expone Carl Alasko en su libro Estupidez Emocional  (elipse, 2011).

Ante una situación de tensión o que percibimos como provocación, la pregunta maestra significa preguntarse, : “¿qué necesito en esta situación?”. Si encontramos  la calma para conectar con nuestras necesidades esenciales, será mucho más fácil dar una respuesta constructiva y positiva a largo plazo.

¿Qué son las necesidades esenciales?

Definir nuestras necesidades esenciales es un ejercicio previo muy recomendable, que implica conocernos a nosotros mismos y saber realmente qué nos importa (para algunos será tener una vida tranquila y relajada; para otros gran actividad; o una vida social rica en estímulos intelectuales; un ambiente profesional de alto riesgo, exigencia y cambio constantes; o una vida intelectual menos exigente, con actividades diaria simples; tal vez una familia con niños y mucha actividad; una vida contemplativa…). ¿Qué es fundamental para ti?

Cuando somos conscientes de lo que verdaderamente necesitamos, dedicamos nuestra energía a actividades más productivas y satisfactorias para nosotros, que construyen nuestro bienestar a largo plazo. Perdemos menos tiempo con proyectos vacíos, que nos alejan de nuestros objetivos.

  • Los comportamientos que llevan a satisfacer nuestras necesidades esenciales  fomentan lo mejor para nosotros a largo plazo, desarrollan nuestra integridad y permiten que se realice nuestro auténtico yo.
  • Por el contrario, las falsas necesidades, los deseos autocomplacientes o adictivos, promueven un beneficio a corto plazo y desdeñan las consecuencias. Son más fáciles, convencionales, autoindulgentes o adictivos y conducen a una menor integridad.

Respuestas por defecto como guía

Para los casos en que estemos alterados emocionalmente y en los que no podamos pensar con claridad, Carl Alasko nos sugiere dos respuestas por defecto para responder a la pregunta maestra (¿qué necesito realmente en esta situación?):

  • Necesito cuidar mi relación con esta persona y estrechar lazos con ella (excepto en los casos de relación abusiva, en los que necesitará protegerse a sí mismo)
  • Necesito serenidad

Si nos conectamos con estas necesidades básicas, la respuesta que demos será más constructiva.

Tener presente lo que es importante para nosotros (necesito serenidad, necesito acercarme a esta persona) será una buena guía.  Dirígete activamente hacia lo que quieres.

En relación con los demás, hemos de aprender a  pedir lo que precisamos. En lugar de responder reactivamente a una posible provocación, pensemos qué queremos pedir a la otra persona , cuándo y cómo hacerlo de la forma más eficiente. Se trata de aprender a ser más asertivos y eliminar la queja, la agresividad y las indirectas, conductas ineficientes y que suelen llevar a escenarios poco apetecibles.

Recuerda, la próxima vez que sientas la amenaza de un conflicto, visualiza sobre la persona con la que estás interactuando un cartel de neón en el que diga con grandes letras rojas:

¡CUIDA DE TI MISMO y de tus necesidades ahora!

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