Contar anécdotas: pegamento básico para los grupos

 

Empezando las vacaciones de semana santa, vuelven algunas anécdotas en mi grupo de amigos.

Como la de una vez hace años, recién llegados a casa de un amigo conquense.  “A ver tío, ¿tú qué talla tienes? No me digas más, te vale.  Pues ponte la túnica y prepárate un bocata. Que es miércoles santo, y estamos de parto.  Nosotros nos vamos al hospital y tú en un rato sacas el paso de San Pedro por mí.”

Me encantan las personas que cuentan bien las anécdotas. Una habilidad que tiene que ver con saber encontrar el lado divertido de las cosas, incluso a veces también de las difíciles. Con el arte de captar lo curioso, relevante y sorprendente en lo que ocurre y hacernos revivirlo.

Las historias compartidas tienen algo que une. Esas historias son un poco como el alma de los grupos. Las recordamos aunque pasen los años y nos confirman que hemos vivido y que formamos parte de algo.

Contar anécdotas requiere práctica. Para alcanzar la excelencia, en todos los ámbitos se necesita entrenamiento. Para mejorar nuestra capacidad de contar historias también hemos de practicar. Una buena anécdota suele mejorar cuando se cuenta varias veces. De hecho, no es raro que las historias mejoren con los años. 😉

El relato tiene una técnica que se puede aprender. Aunque hay muchas personas que cuentan historias grandiosas de forma natural, la técnica se puede entrenar y afinar.

Es posible interiorizar pautas sobre la estructura y los momentos clave del relato. La introducción, con las coordenadas clave, la tensión bien trazada, y el desenlace potente y rotundo, que sorprenda.

Requiere poner atención. Mucha gente no cuenta historias porque no recuerda ninguna, igual que le ocurre a muchas personas con los chistes. Como en el caso de otros hábitos, necesitamos poner atención y hacer un esfuerzo consciente; pero tras practicarlo, finalmente fluirá casi solo.

Os animo a acordaros de anécdotas divertidas y a compartirlas con vuestros amigos y familia. Es una magnífica habilidad, un regalo, una forma de rememorar los momentos con chispa que nos brinda la vida y por encima de todo suelen ser un pegamento para los grupos.

 

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